martes, 13 de diciembre de 2011

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A veces no sabía si podía recordarte,
Cada ilusión murió,
Los restos fallecieron,
Incluso a ti viniste a matarte.

Me dejaste el cuchillo en la mano
Y me senti culpable,
Agonizabas por mi culpa delirante,
Y así te volvías todavía más distante,
En verdad no sé si te quise,
No sé si me quisiste,´
Pero en culpable me convertiste.

Tenías todo para ser quien eras,
Jamás pude hacerte a mi manera,
Y es porque tu unicidad me encierra,
Era un misterio que en tus ojos moría,
Quererte ya no quería,
Pero era inevitable cuando sonreias.

Y es que ya no quiero nada,
Y es que los sintomas y la cura,
Me recuerdan sólo a ti,
Estás dentro de cada uno que de mi amor duda,
Y no eres, lo sé,
Diferentes y mejores hay también,
Pero me quitas las posibilidades,
Pues en cada cuerpo vislumbro tu alma siempre inerte,
Y cada que veo a alguien, sé que también puedo verte,
En un recuerdo de mi mente,
En la manifestación de muerte.

Porque quién podría hacerme cambiar de opinión si no eres tú.
Si no es tu incierta virtud.

Veo las oportunidades pasar,
Me  veo en el mismo error dos veces tropezar,
Esperando a que esto sea un juego de azahar,
Donde con el corazón me vuelvan a mirar,
Donde gane aunque haya de apostar,
Donde pierda aunque haya de ganar,
Distinguiendo así entre querer y amar.

Sabiendo, más no me puede asfixiar,
Pues ha dejado al aire sin aire,
Al llanto sin llanto,
Necesito alguien que me haga respirarle,
Que ha de consolarme,
Que en mí sea capaz de reencarnarse.

En otra vida, tal vez pase...

martes, 6 de diciembre de 2011

Carnada

¿Qué es el amor?
¿De verdad existirá?
Es algo de lo que todos hablan
Y nadie entiende, sólo sienten
Algo que ocupa su mente.

Una ceniza inexistente,
De un fuego de ilusiones inerte.

Tal vez es sólo polvo enterrado
En polvo enterrado.

Tal vez es un siglo
En un momento añejado.

Es la principal interrogante,
Sólo de un ya amante.

Es un secreto, una mentira escondida
Una verdad fingida,
Que todo calma, que todo calla, que todo para.

Llena de dudas como de ilusas virtudes,
No alcanza una vida para describirlo,
Pues no hay nada como para ser derretido,

Es del alma una farsa,
Un alimento sin grasa,
Que sólo enflaca,
Que quita la esperanza,
Que sólo demacra.

Un caminar en una pendiente,
Con equilibrio y cosquillas al vientre,
Con suspenso en el aire,
Un respirar asfixiante.

No existe y no existirá,
Es un alimento que el ser se da,
La vida sería aun más difícil sin pan,
Aunque sea amargo,
Aunque demacre,
Aunque no nutra,
El dolor al estomago cura.

La vida sería aun más difícil sin pan,
Sería triste sin algo que dar,
Sin poderse entregar,
Sin saber qué es amar.

Con hambre y malestar el ser enfada,
Porque el amor es todo y a la vez es nada.

lunes, 5 de diciembre de 2011

Opaque

Time was just passing by between you and I
I didn’t notice your countenance was freezing the seconds size
I didn´t notice your eyes could physics blast
So everyday I used to wake up,
Hoping clues to look for...
Everyday was a new experience,
Everyday you could hide something even more than yesterday,
Finally without willing, I transformed you into a reason,
I transformed you into an unkown life,
I trusted you because of your magical eyes;
They were empty, non full of lies,
Non full of sighs,
Full of nothing, without desire.
It was not until I realised
I could see in them a spark.
So when I close my eyes,
Thanking to the sky,
I noticed that that ocular spark was the reflection
Of my broken heart, that was expecting your eyes to shine,
That made me shed a tear of my hopeless cry.

lunes, 14 de noviembre de 2011

Estaré no estando

Y todavía recuerdo cuando vi tus ojitos, no sé cuándo, no sé cómo, no sé dónde; pero los vi, los vi brillar, entre una multitud invisible.

Y aunque creía que la gente sólo veía lo que quería ver, la dicha, los despistes, la zozobra tal vez, hicieron a tus ojos frente a los míos aparecer.
¿Destino? No lo sabré, no lo negaré, no lo afirmaré.

Pasaron así los días, contigo y sin ti. Más tarde descubrí tu risa, sabía, siempre habías pertenecido a mí,  a lo que yo por ti sería, a lo que soy y creí no te fijarías.

Con esa mirada que me hizo creer otra vez, tuve lo que aun no podía perder. Ilusión, sí, esperanza también, desconfianza otra vez.

No por mí, no por ti, sino por el espíritu que no me ha dejado huir.
Y al verte y saber que el miedo y el odio no me dejarán tenerte, talvez empiezo a hilar conscientemente mi muerte.

Saber que prefiero regresar a ese inframundo en el que antes viví, no por ti, no por mí, y del cual fui sólo un vagabundo, me parte el alma el ‘’no puedo’’ rotundo.

Y sé que debo, sé que puedo, pero no por ti, no por mí, es que no me lo creo.
Sé que te mereces alguien que te haga feliz,  sé que yo sólo puedo ser menos que un desliz.

Y así puedo inventar un millón de pretextos, ahogarme a escondidas escribiéndote textos, vacíos, secretos y desiertos. Podrías ser tú el agua que me salvaría, la gota que a mi existencia saciaría.
Pero me voy, a la soledad regreso aunque te quiero todavía. Y aunque no me lo hayas dicho con el simple hecho de mirarte, sé que mi felicidad es lo que querías.

Sé que más infeliz no puedo ser, seguro estoy, en otra vida te volveré a ver, entonces por ti lucharé, habiendo pasado esta prueba, consciente de que el destino nada aprueba.
Me arriesgaré, pues qué podría perder.

Y cuando me ames, y no queden dudas, lo sabré, como hoy lo sé…


sábado, 29 de octubre de 2011

Mi amor cortés

Porque era mi fantasma y ya se ha ido.
Porque  la esperanza del amor que guardada había tenido,
la puedo otorgar a quien quiera ser otorgado y a quien quiera otorgar,
escarbé en lo profundo de mi tierra,
encontrando un palmo de semillas que con valor puedo volver a cultivar,
que con amor pueden crecer y hasta el cielo llegar,
decorando mi jardín de flores,
y aquellas de emociones y reproches,
juntarse en punto exacto para que crezca un árbol,
que dé frutos que tú y yo probemos del edén,
de agua y dientes de mármol,
dulzura natural nos den.
Tus ojos son de ajo manojos,
repeles en cualquier instante a mis fantasmas,
los alejas más no los dañas,
pues me recuerdas que sé lo que sé por ellos,
y que desconozco lo que desconozco por ti,
por ese nuevo espacio que hemos creado,
y del cual soy un bienvenido extraño.
Con las puertas abiertas cuando juntas las pestañas,
haciendo que el deseo deje de serlo,
trayendo a nuestra realidad, dos almas, gemelas, hermanas.

Dejándome saber que ninguna semilla es inerte,
pues todas germinan con sólo verte.
Y puedo sentirte como la primera vez,
en verdad no es triste cuando a mi alma ves.
Y transmites aquello que jamás creí encontrar,
no en nadie sino en mí.
Me alejas de la realidad,
y veo que mi cielo y estrellas están en ti.
Tu pupila lleva el brillo de cada una de ellas,
Me dejas apagarlas como soplando un vela,
Y quedamos tú y yo danzando en la oscuridad.
Tibios en el aire helado, desconocidos.
Desnudas mi ser entre un polvo cósmico,
entre el humo de las velas.
Y me das lugares para conocer, como cohete,
al sol me llevas y por las nubes me regresas.
Tan efímero, de una manera tan misteriosa
la velocidad que alcanzamos es poderosa,
Me teletransportas,
No me desintegro,
Veo destellos en el cielo negro,
Lugares infinitos,
Transformas la verdad a mitos.
Y en ese rincón donde no se ve, no se siente, no se escucha,
El tú y yo, habla, toca, junta.

martes, 25 de octubre de 2011

Tu amor

Y fue en ese momento, en el que en realidad no te iba a saludar, acudía a despedirme y rechazaste mi mano. Le aclaré a tu inútil orgullo que sería la última vez que volverías a usarlo. Te deje firme la idea de que de mí no te volverías a burlar , pero más firme y esperando que más la entiendas lo hice, te lo dije, por la simple y difícil razón de amarte, quería por un buen camino llevarte, aunque no fuera de mi mano, pero seguro en que te amo, hacer lo que también creía correcto. Después ya más decidido y a la vez más consumido te mencioné unos cuantos aspectos que mi ilusión creía no te dejaban ir a la cama.
Y es que cada vez que no te saludaba, lo hacía por ti, no por mí.
Cada vez que no te miraba, aunque lucieras más bello que el alba, lo hacía por ti, no por mí.
Cada vez que fingía no amarte, lo hacía por ti, no por mí.
Me moría de ganas de estrujarte, poner mis labios en tu mejillas, colorearlas de rojo como haciendo arte. Pero me cohibía, y lo hacía por ti, no por mí, y así cada día.
Algún instante me dijiste que siquiera me sentías distante, pues yo no era nada en tu vida,  no tenía un significado, mi existencia no existía.
Y tal vez llegué a decírtelo con exactitud, en el momento preciso. En ese momento en el que te diste cuenta, de que para el pasado no hay vuelta.
Con los ojos que alguna vez amé, veías los míos borrosos.
Me preguntabas el porqué, el porqué nunca hice lo que debía de hacer.
Mis ojos ya ocupados, cedieron a los suspiros.
Y repetí que tú fuiste el único porqué.
Y confundido estabas, lo sé. Creíste que jamás te amé.
Creyendo que no existía fracaso alguno, me estrujaste como yo lo quise hacer alguna vez.
Te pedí que me soltaras, había muerto el momento para darme todo lo que callabas.
Ilusionadamente triste dijiste cuanto también me amabas.
Y no yo, pero ahora mi alma contestaba:
-No, tú no me amas. Tú te amas.

viernes, 2 de septiembre de 2011

No es el último vals

Era una noche de octubre, mientras Adeleine se posaba frente al espejo, maquillando la orbita oscura de sus ojos, combinando su labial con el rojo vivo de su vestido con bordes negros, estaba tranquila, nada parecía emocionarle.
Había pasado un año ya, desde que había perdido una parte de su ser, desde que una parte de ella se encontraba muerta por dentro.
Resaltaba sus labios para que resaltara aún más su bella sonrisa, que desde hace ya vario tiempo no solía usar. Estaba todo listo, miraba con indiferencia su hermoso vestido, miraba sin empatía su suave rostro y observaba lentamente sus rubios cabellos. Sentía algo que la asfixiaba por todas las partes de su cuerpo, pero como de costumbre no le daba importancia. Desde que su novio había muerto, sentía las caricias y los roces impregnados en su esqueleto, en sus músculos, en su piel, en todo su ser. Pero decidió matarlos después de la tragedia, decidió evadirlos como evadió el hecho de que el ya no estaba a su lado.
La fiesta iba a comenzar, tan sólo faltaba que Adeleine manipulara su cabello para poder ponerse un camafeo plateado que ya no tenía fotos, que ya no tenía recuerdos, aunque ella sabía que en cada acto cometía rituales para volverlos a invocar, pero conscientemente cuando estaban a punto de alterar sus emociones los rompía, el ruido al romperlos era como cristales cayendo, y se sumergía en una atmósfera interna de gritos pero sin saber el por qué, o talvez sabía con certeza que era lo que le ocasionaba imaginar el cristal que más tarde rompería, pero intentaba no pensar en eso.

Su amigo tocó el claxon, ya la estaba esperando justo estacionado debajo de su habitación, Adeleine lo vio por la venta y sonrió desabridamente. Tratando de ignorar el espejo, se dirigió al interruptor de luz y dejó la habitación oscura, bajó por las escaleras todo estaba oscuro, sólo la luna que se filtraba en las cortinas translúcidas era capaz de no hacerla tropezar, más tarde llegó al carro de su amigo.

-¡Qué bella luces!
-¡Gracias, tú también te ves muy apuesto! (Dijo Adeleine con un tono serio y cortante)

Todo el camino para la fiesta, se mantuvieron sin cruzar palabra, todo lo que podían oír era el ruido del aire frío y un poco de música con un trasfondo de presagio. Adeleine por muy dentro, sabía que algo pasaría ese día, no estaba escéptica a la posibilidad, siquiera pensaba en una posibilidad, en su trasfondo también un instinto lo anunciaba. Estaba presente en el momento con una intriga que no la angustiaba, se encontraba presente, paciente.

Habían llegado al salón de eventos, era muy elegante y Adeleine estaba perfectamente vestida para la ocasión. Roger –su amigo- fue el primero en bajar del auto y como todo un caballero nada elocuente le abrió la puerta. Adeleine sonreía, pero estaba consciente de que no lo había hecho por esa razón, había algo oculto en ella que la obligaba, no sabía que era pero podía sentir a su alma cada vez más tranquila.

Bajó del carro y se dirigió al salón, caminaba entre gente con pipas y gargantillas de diamantes. Sus otros amigos estaban ya sentados en una mesa, la vieron llegar y se pusieron de pie para recibirla. Había algo en el humo del cigarro que la inducía a sentir señales dentro de su ser y en el ambiente, no se alteraba, se veía entre la multitud cubierta por una atmósfera de humo que la hacía sentir segura y libre para concluir con su plan nocturno innato.
Se dirigió al tocador, ella era la única ahí. Jaló el cordón de su corsé por delante, se lo ajustaba cada vez más, podía sentir sus costillas comprimirse y en su estomago formarse un vacío. Pero ella no sentía dolor, estaba segura de lo que hacía. Cada vez un poco más, lo fue ajustando, y ajustando, y ajustando. Se miraba en el espejo, la silueta de su cuerpo que había visto antes de salir de casa era muy distinta a la que ahora se presentaba en su mirada. Su piel lucía cada vez un poco más pálida, los rojos labios que se había pintado resaltaban aún más con su piel blanca y helada, al igual que con su vestido. Estaba perfecta para hacer lo que sabía, tenía que hacer.

Abandonó el tocador, regresó a la atmósfera oscura y camino entre el humo. Las partículas de ese polvo de alquitrán eran su escenario. Estaba confiada, feliz, segura, por primera vez en un año y dos meses. Entre la evaporación del hielo seco que parecía como una neblina grisácea por la combinación del cigarrillo, a lo lejos vislumbró a su amado, al que le había robado la dicha hace más de un año. Sin toser, sin respirar, se acercó a él, no lo estrujó, no se sorprendió, sabía que pronto lo iba a ver. Ambos sonrieron, Adeleine posó una mano sobre el hombro del traje blanco de su amado, lo estaba sintiendo, y todo lo que había quedado impregnado en la orzuela de su cabello, en las orillas de sus brazos, en los músculos de su espalda, volvía a tomar sentido, renacía dentro de ella, era como la primera vez.

Con la piel erizada y mirándolo fijamente a los ojos, bailaron el último vals, en una atmósfera de humo que pareciere se desvanecía alrededor de ellos. Dejándoles la esencia de su amor que siempre habían cargado. Adeleine contenía la respiración, el zigzag de su falda dispersaba el humo. Sentía que el exterior daba vueltas alrededor de ella y él. Era un momento en el que quería permanecer por siempre.
.

Roger trataba de despabilar a Adeleine, ella tenía su mano posada en el camafeo, pero era muy tarde, estaba muerta, se había asfixiado. Pero tenía una enorme sonrisa plasmada sobre su rostro ya inerte.

Adeline y su amado cerraron el vals con una reverencia que denotaba seguridad, pues, sabían, no sería la última vez que volverían a bailar.